Ir al contenido principal

LIBROS ERÓTICOS Y DE SEDUCCION erotic books

Eternos meses
Me cuesta creer que esté aquí, donde el aire de Málaga abre mis pulmones
y los recuerdos me agobian de modo asfixiante, no sé si puedo
hacerlo... No sé si estoy preparada para volver al lugar donde empezó
mi locura. Un dolor inesperado me abruma por el vacío que hay en mi
pecho, presumí que tendría el valor, pero hoy lo dudo.
Me enfrento a la derrota y trato de no pensar, al llegar al apartamento
que Scott me ha preparado en Marbella. Huele a limpio y fresco,
a una soledad intensa y grande. Me quito los zapatos y me tumbo en la
cama, fatigada por las horas de viaje. No podré dormir, lo sé... La distancia
que yo determiné hoy es más limitada y dolorosa... La marcha y
los eternos seis meses desde mi huida me abaten. Una decisión equivocada.
6 meses atrás
Manhattan es el lugar que he escogido, mi secreto, mi libertad. Todos desconocen mi
paradero, porque así lo he decidido, de lo contrario, Matt estaría aquí en menos de
dos días y no es lo que necesitamos. No yo... Busco estar tranquila, descansar un
poco del caos que hay en mi cabeza. Y la pregunta que me atormenta insiste en atosigarme:
¿es lo correcto? Y la respuesta es la misma: ya no lo sé.
Deshago la maleta. Estoy cansada, sí, los últimos días han sido horribles y mi
cabeza apenas da para más. Con angustia, alcanzo mi teléfono y llamo a Matt con
la necesidad de hacerle saber que estoy bien.
—Nena —suspira al responder—, ¿todo bien?
—Sí... acabo de llegar al hotel.
—¿Lejos? —pregunta inquieto—. ¿No me dirás si hace frío o calor? ¿No me
dirás nada del lugar donde se encuentra mi mujer? Sabes que accedo a todo, claro
 8
Patricia Geller 
que lo hago, para esperarte y darte tu espacio, pero por lo menos me gustaría saber
si te resfriarás o podrás ir a la playa...
El frío es glacial, aun así, le miento sin darle pistas o sé que investigará. Conozco
su impulsividad. Yo lo aceptaré por tenerlo conmigo y después de poco nos
habrá servido todo.
—Hace calor, bastante.
—Calor —repite pensativo—. Nena, no quiero presionarte, sé que hace apenas
unas horas que te has marchado... pero ya estoy ahogándome sin ti. ¿Una conexión
vía ordenador? Necesito verte y saber que tus ojos me miran como siempre.
—Matt...
—Gisele —me interrumpe y sé que está dolido—,sé que intentabas memorizarme
al hacerme el amor, ¿por qué, nena? ¿Por qué?
—¿Quieres que sea sincera?
—Sí. Dime el significado de tus manos al acariciarme. Me dolían las marcas
ocultas que dejabas en mi piel. Quiero saber —implora con desespero—. No me
destroces, por favor.
Tomo aire y, frente a la ventana, hablo entre sollozos.
—Porque ya te echo de menos, porque yo también estoy mal con esta distancia
que he marcado, pero Matt... no puedo más, me siento perdida. Llámame
inmadura por no saber estar a tu lado, por pedirte un tiempo. ¡No sé! Ha sido
muy duro cambiar de vida, conocer a un hombre que me trastorna y me cautiva
en una relación diferente, loca. Tan intensa que nos casamos al cabo de poco
tiempo y tú callas, me guardas secretos constantemente, cuando yo he sido transparente
para ti.
»Y he decidido irme aun sabiendo que estaré vacía, que lloraré cada día por tu
ausencia... Sin embargo, es necesario. Te amo, no lo preguntes, no hoy que estamos
lejos, porque prometí y prometo que seré tuya y eso no cambiará nunca.
Al acabar, se me quiebra la voz y tengo los ojos empañados de lágrimas. Él
no habla y yo no soy capaz de preguntar el porqué. Quizá su imaginación esté volando
y haciendo conjeturas en su realidad paralela.
—Matt, te llamo mañana, ¿sí?
No hay contestación y me preocupa.
—¿Matt? Háblame, por favor.
—No puedo. —Tiene la voz quebrada, está destrozado—. Esto es muy duro,
9 
La chica de servicio, 3. Y ríndete 
nena... No sé cómo voy a sobrevivir sin ti, cariño. Si eres mi todo y te has llevado
mi vida.
—Vamos, Matt. —Oigo que le dice Scott y más incertidumbre traspasa mi
pecho—. Mañana habláis, déjala descansar.
—Te quiero, Gisele —susurra Matt—. No olvides que te amo.
—También yo.
Mi hermano está a su lado y me hace sentir tan orgullosa de él... Aunque al
principio no se aceptaban, hoy son íntimos y calma mi nerviosismo. Oigo ruidos y
pasos hasta que, finalmente, suena la voz de Scott y su tono denota tanta tristeza
que me derrumbo de nuevo.
—Pequeña, tranquila, lo vamos a cuidar. Mañana partimos a Málaga y estará
arropado. No sé si sabes que ya ha empezado con el tratamiento. No dejes de
llamarlo y prestarle tu apoyo, eres crucial para su mejora.
—Lo sé y estaré con él, aun lejos.
—¿Dónde? —pregunta—. Tú también necesitas ayuda, no te aísles.
Aislarme es lo único que necesito, me digo. Encontrarme y hallar calma, recuperarme
para hacer frente a los problemas de Matt. Mi debilidad de ahora no nos
ayudará.
—Necesito estar sola, Scott. Ve con él, por favor. Cuídalo como si me estuvieras
cuidando a mí, porque somos uno solo y si le sucede algo...
—Chis, te doy mi palabra —afirma—. Te quiero.
—Y yo... Dime que estoy haciendo lo correcto, ¡dime que es lo justo para los
dos! Por favor, Scott, sé sincero conmigo —me derrumbo—. No sé nada, ya no sé
si es lo que he de hacer...
—Es necesario que os deis un respiro y estaremos aquí para ambos. Venga,
descansa y verás cómo mejoráis.
No duermo esa noche, tampoco como. A la mañana siguiente, me siento un
poco mejor y hablo con Matt, se muestra entero y me relajo. Durante más de dos
horas nos contamos cosas, quizá sin sentido, pero oír la voz del otro es una cura
para las heridas que sangran.
Y los días van transcurriendo y la rutina se va haciendo más sólida. En el
hotel, perdida en mis libros, mi música, voy encontrando la paz que un día perdí,
recuperando a la Gisele Stone que Matt necesita. Va a terapia y yo, a través de
videoconferencia, asisto también a las sesiones, a su lado.
 10
Patricia Geller 
Es duro oírlo, terrible su calvario y resisto sin romperme. Aun así, estamos
unidos y me permite saber sobre su tratamiento. Me da el control que me negaba en
casa... Se enfrenta a su pasado y, con esfuerzo, cierra página sobre sus padres biológicos.
Duele mucho la dureza de las palabras y él lo sabe y me protege incluso
tratándose de su trauma.
—¿Estás bien? —pregunta siempre después de cada sesión—. Si no puedes...
—Lo estoy si tú lo estás.
—No sueltes mi mano, no dejes que me pierda.
—Nunca —prometo, fingiéndome dura—. Te amo.
—Yo más, yo siempre más.
Una frase muy suya que me levanta el ánimo, me da fuerza.
Mañana habrá transcurrido un mes sin tocarnos, pero los dos vamos recuperando
nuestra armonía y hoy decido hacerle un regalo especial para que me vea y
me sienta. Para transmitirle el amor y la pasión que me une a él, aun lejos, como
le juré.
Emocionado, me espera tras la pantalla. Está hermoso, como ayer, con menos
ojeras. Al verme, sonríe de esa forma que hace que mi corazón aletee.
—Eres mi locura, mi sensual esposa y mi diosa.
Mi sonrisa se amplía y, coqueta, me alejo del ordenador y entro en la ducha.
Desnuda para él, con la visión perfecta para su disfrute. Cautivándolo y hechizándolo
con mi cuerpo.
—Supongo que me echas de menos —ronroneo y me pongo de rodillas, ofreciéndole
una vista perfecta de mis pechos. No lo espera y se queda impactado—.
Quiero complacerte en lo que me pidas, no saciarte, lo sé.
Gruñe con agonía, sé que está tan caliente como el agua que corre entre mis
senos. Me deleito ante él y lo provoco, con sensualidad y atrevimiento. Con la transparencia
que siempre le he demostrado, con la alegría que tanto adora.
—Te necesito tanto —susurra y estira el brazo, sé que imagina que me toca—.
Te amo más que nunca. Porque, aunque duele, estás aquí todos los días. No me
abandonas... Es complicado hacerte pasar por todo esto, pero sé que nos está consolidando.
Le lanzo un beso y me incorporo, mostrándole mi figura. Lo miro fijamente y
juego con mi mano derecha, que deslizo por mis pechos y mi vientre. Llego a mi
intimidad, jadeo y me detengo. Él debe dar las órdenes, soy suya.
11 
La chica de servicio, 3. Y ríndete 
—Sigue, Gisele. Lo quiero. Cierra los ojos —pide y yo obedezco—; imagínate
que soy yo quien te toca, visualízame contigo. Lo necesito.
—Matt —gimo y deslizo un dedo por mi centro. Su paraíso—. Te amo...
te amo.
Abro los ojos y veo que traga, triste, pero sé que fascinado.
—Tócate los pechos, nena. Tócate toda, como lo haría yo. Hoy eres tú, lo sé y
lo siento. Acaríciate con mi tacto.
—También tú. —Sofoco un grito—. Quiero verte gozar, pronto estaré en casa
y quiero que recuerdes cómo nos hemos amado igual que siempre, sin importar nada.
Se baja el pantalón y su falo salta. Me humedezco con la facilidad de su toque
y le sonrío. Mañana mismo planearé mi vuelta, no puedo estar más sin él. Sin sus
ojos, como hoy, sin sus manos y sin su corazón latiendo contra el mío. Me hace falta.
—Dios, nena.
Él se agita y gime fuera de control. Arriba y abajo. Yo dentro y fuera. Es
mucha la pasión que compartimos, es demasiado el deseo que quema nuestra piel por
el otro. Se acaricia para mí y yo le complazco. Nos compenetramos como siempre.
—Piensa que te beso ahí. —Señalo y me estimulo más—. Siente que te chupo,
te devoro hasta hacerte enloquecer.
Presenciar la escena que le dedico es tan insoportable, que él tiembla y se convulsiona
con intensidad, masturbándose. Yo le sigo. Nos quedamos sin fuerzas,
atrapados en un ciberorgasmo. Trayéndome recuerdos de aquella otra vez... De mi
señor Campbell.
—Matt... Saldré en el primer vuelo disponible de mañana, no puedo más
—digo ilusionada—. Te quiero abrazar y que me mimes, quiero que tus brazos
me rodeen cada noche. Te añoro tanto...
—Mi vida, nena. —Su mirada se empaña, sorprendido—. No sabes cuántas
noches he soñado con oír estas palabras. No te defraudaré, todo será como hasta hoy.
Mi ánimo va mejorando. Tengo que hablar con Scott, preparar nuestro refugio para
la velada de San Valentín, Dios, nena, ¡te amo! Y cuando estés aquí, no sé qué va
a ser de ti.
Me río a carcajadas, con lágrimas de felicidad, como las suyas, y entonces se
mueve con nerviosismo... Mi expresión cambia y tiemblo. Oigo golpes en la pared y
sé que es su puño. ¿Me ha mentido? Asegura que se controla como nunca y veo que
no... Inmóvil, susurro:
 12
Patricia Geller 
—Mañana te llamo... te quiero.
—Y yo a ti, te voy a preparar la bienvenida. —Sonríe cálido—. Piensa en mí
en esa ducha.
Apago el ordenador y me vengo abajo. Durante este tiempo he hablado con
todos los Campbell, con Scott, con Noa... y me han asegurado que se domina, aunque
para ello pase la mayor parte del tiempo sin salir de casa.
Un miedo profundo se apodera de mí y temo, pierdo la confianza que había
ganado con los días. Me derrumbo y grito. ¡Estoy fracasando con él y me mienten
otra vez!
—¡No, no, Matt! ¡Lo prometiste!
Desesperada, llamo a Scott y no responde. Me niego a preocupar a Karen.
Finalmente, opto por llamar a mis padres, que sé que no me van a mentir. Es
Michael, mi padre, quien responde.
—Papá, ayúdame. —Me ahogo—. ¿Me mienten todos? ¿¡Qué os cuenta
Scott cuando os llama!?
—Cielo, ¿qué sucede?
—Por favor, papá. Háblame y no me mientas, dime todo lo que sepas de Matt.
Se calla y su silencio me mata.
«Por favor, no, por favor.»
—Parece mejor, sí —confirma ante mi súplica—. Yo, como bien sabes, estoy
en Lugo y no lo he visto, se niega a hablar conmigo, pero según tu hermano, tu
marido está bastante mejorado. Sin embargo, creo que el hecho de que tú vuelvas es
un error, Gisele. Dale más tiempo, o quizá opte por dejarlo todo, como ya ha hecho
otras veces, tu presión es su mejora.
—¿No me mienten? —pregunto esperanzada—. No ha vuelto a dar golpes,
¿cierto?
—Gis...
—¡Dime la verdad, no quiero vivir en una constante mentira!
—Scott me ha pedido que no te lo cuente, dice que tiene sus motivos —confiesa
agobiado—. No sé más, cariño. Matt no me habla, no responde a mis llamadas
y me culpa de algo, lo sé... Pero no alcanzo a saber el qué.
¡Ni yo, hoy tampoco sé nada! Me doy una ducha y me meto en la cama. El frío
cala mis huesos. No puedo dormir y tengo pesadillas sobre las mismas reflexiones.
Lo encubren para obtener su felicidad, pero ¿y la mía? Yo necesito saber de mi
13 
La chica de servicio, 3. Y ríndete 
marido, no vivir al margen, en otra realidad, para luego recibir el golpe una vez
más... Mi mente ya no lo tolera, las caídas duelen demasiado si son a causa de Matt
Campbell.
Al amanecer me tiemblan las manos. Llevo horas y horas contemplando el
paisaje de Manhattan. Hace frío y mi cuerpo está ausente, como yo. Aun así, llamo
a Matt por la tarde; la diferencia de horas es una mierda... Cabizbaja, doy el primer
paso.
—Hola...
—¿Nena? ¿Y esa voz? —pregunta angustiado—. Estoy contento, ¿a qué
hora sale tu vuelo? Carlos quiere conocerte en persona. ¿Sabes que se ha convertido
en un amigo más que en un médico?
¿Cómo decirle que sé que me miente y que temo vivir en una burbuja en la que
el vértigo nos persigue? ¿Cómo decirle que lo amo y, sin embargo, no estoy preparada
para la vida matrimonial a la que me somete? Para ser una sombra en su
existencia, creyendo en falsas promesas que no ha cumplido ni cumplirá. Que me
ahogo y me asfixio por su dominio al intentar protegerme.
—Gisele, ¿por qué callas? —Su voz suena alarmada, desesperada—. No me
jodas, ¿no piensas volver?
—Matt... ayer me precipité, necesito un poco más de tiempo. Me siento bien
aquí, me gusta esto.
Un gruñido animal surge de su garganta. No lo esperaba, lo sé.
—No entiendo nada, ¡nada! —me reprocha con dureza—. Me pides tiempo,
te lo doy. Hablamos cada día y me dices que pronto volverás. ¡Un mes, Gisele! ¡Un
mes sin verte cara a cara, sin tocarte, sin saber dónde estás! ¿Por qué me haces
esto? ¿Acaso no sabes que no puedo estar sin ti? ¡Es San Valentín, el primero
juntos!
—No te pongas así —suplico temblorosa—, entiéndeme, por favor.
—¿Qué tengo que entender? ¿Que mi mujer no quiere verme? ¿Que a pesar de
que estoy en tratamiento y no pierdo los nervios no lo valora? —Las lágrimas que
trato de controlar, caen. Me sigue mintiendo—. Estoy siguiendo los pasos que me
pediste, y no vuelves. No sé qué hacer. ¡Te quiero conmigo, a mi lado! Apenas
duermo por las noches si no tomo pastillas para conciliar el sueño.
Sus palabras, llenas de resentimiento, me hacen sentir mal. Tiene parte de razón
hasta cierto punto, porque aun encontrándonos como ahora, miente. Le he
 14
Patricia Geller 
brindado mi apoyo, he asistido a su terapia... y él no lo valora. Miente buscando mi
regreso, y luego ¿qué?
—Gisele, ¿qué pasa? Sé sincera, ¿ya no me amas?
—Matt, no vas a cambiar...
—Excusas —me reprocha, controlándose—. Gisele. ¿¡No me amas!?
—Te amo tanto o más que antes. —Lloro desilusionada—. Y ahora que
estoy recuperando la calma que perdí hace meses, tú...
—Por mi culpa —me acusa con voz seca—. ¿Me estás diciendo que quieres
recuperar tu vida de soltera? ¿Eso me estás diciendo? ¿¡La vida que llevabas sin mí!?
Inmadurez o no, hoy pienso que nos precipitamos. No disfrutamos de una
hermosa amistad previa, no tuvimos salidas ni vida social. Me encerré en él y dejé
mis metas a un lado. Yo era una mujer segura, con ideas claras y proyectos de futuro...
Con los días, no supe en quién me había convertido. La montaña rusa a su
lado hoy... me aterra. La estabilidad es complicada, porque él se niega.
—¿Dónde está mi mujer? ¿¡Dónde!? —grita ante mi mutismo—. La mujer
que se enamoró de mí a pesar de lo mal que la traté al principio. Háblame claro,
siento que me voy a volver loco.
Lo veo con sus ojos verdes, fuera de sí. Hermoso y desesperado a la vez.
—Necesito más espacio... No estoy preparada.
—¿Con respecto a qué? ¿Por mí? ¿Nuestro matrimonio? ¡Habla!
Me duele pensar que no lo conseguiremos, que él necesita una ausencia más
prolongada para entender que me pierde... Que ha de cambiar o nos destruiremos.
—Por mí... por la vida que quiero llevar. Te amo, voy a volver, pero no tengo
claro cuándo. Me he sentido encarcelada a tu lado, presionada, utilizada para tu
desquite... No puedo retornar a eso y sé que si vuelvo ahora, todo será igual.
Quizá sea egoísmo, pero yo estoy luchando por él y he comprobado que su
fuerza no es tan firme como la mía. Mi vida ha dado un giro antes, durante y
después de conocerlo... Le he regalado mi apoyo y mi amor incondicional, sé que me
ama tanto como yo a él; sin embargo, nuestras reflexiones nos llevan por distintos
caminos.
La noche ha sido larga, con los llantos que Matt me ha provocado una vez
más. Yo antes casi nunca lloraba, él ha causado en mí una vulnerabilidad que
odio.
—¿Matt?
15 
La chica de servicio, 3. Y ríndete 
Grita, un alarido de dolor destroza la calma. Salvaje, lleno de decepción. Yo sé
que ha confiado en mí y que lo defraudo. Duele, lo sé... El sentimiento es mutuo.
—Matt, tranquilo, por favor. ¡Lucha, es lo que te pido!
—¡Lo hago y tú pones excusas porque has dejado de amarme!
—Te amo mucho, te lo prometo. —Me controlo, no es un final. ¡No!—. Pero
tengo un caos en mi cabeza por tus...
—Pues cuando lo tengas claro, me llamas. Estaré esperándote.
Dos horas más tarde, al no saber nada de mí, vuelve a llamarme. Con las lágrimas
aún corriendo por mi rostro, respondo sin hablar. Tan sólo pulsando el botón
para que confiese entre sollozos y, casi sin voz, dice:
—Nena, no digas nada, me destroza, me duele pensar que no voy a recuperarte.
Vuelve, dame la oportunidad de ser felices juntos. Te amo, nena, eres mi vida...
—Rota por mis malditos miedos de volver y mis confusiones, tiro el teléfono al
suelo. Aun así, puedo oírlo. Lloroso, tan triste como pocas veces antes. ¿Por qué no
cambias, Matt? ¿¡Por qué!?—. Gisele, no me hagas esto... te echo de menos, anhelo
tu olor, tu risa. Tu alegría. Tus ojos grises, la franqueza en ellos al mirarme.
No hablo, el desconsuelo no me lo permite.
—Te sueño cada noche, te pienso cada segundo —musita con voz suplicante—.
Sé que me equivoqué, pero estoy cambiando por ti... Me estoy muriendo después
de la anterior llamada. Quiero decirte tantas cosas para que vuelvas... Podrías
decirme dónde estás y hablamos, haré lo que me pidas.
Callo, idiotamente, callo.
—Está bien, está bien... llámame cuando estés mejor, prometo no presionarte.
Esperaré días, meses... pero pídeme y háblame.
Y no lo hago, mi teléfono se colapsa con llamadas de todos menos de él y no respondo.
Pasa una semana en la que hago una sola comida al día, en la que tengo que
tomar pastillas para dormir. No puedo estar sin él y, de esta forma, tampoco a su lado.
Asustada y sin consuelo, llamo a mi madre:
—Estoy en Manhattan, ven por favor... no puedo más.
—Cielo, ¿qué sucede?
—Por favor, mamá. Te mando la dirección y ven con papá. Cierra la tienda,
te doy todo el dinero que tengo de los reportajes, pero ven. No soporto esta soledad.
Un día más tarde están aquí y, al verme, lloran. He perdido peso y estoy casi
irreconocible. Les pido que no hablen con nadie y me obedecen, me cuidan y miman.
 16
Patricia Geller 
Otra semana que transcurre con el lastre de una carga que ya no soporto. Echo de
menos a Matt y acudo a un psicólogo, porque la saturación hace que me estalle la
cabeza. Él me aconseja distancia por el momento...
Yo también estoy hecha añicos, la bipolaridad de Matt y sus traumas nos han
hundido a los dos.
—Cielo —mamá irrumpe en la habitación—, Scott sabe que no estoy en
Lugo y pregunta por ti muy desesperado. Le he dicho que te den tiempo... No puedes
esconderte más. Sé que es duro, pero te has puesto enferma por él.
—Déjalo —interviene papá—. Eres mi hija y no te reconozco, no puedes seguir
así. Te suplico, Gisele, te ruego que te cuides. Con los días que pasaste en Lugo
supe que Matt te destruiría y hoy lo estoy viviendo. Una parte de mí ha llegado a
apreciarlo, porque sé que te adora... pero no es el hombre que te mereces. Retoma tu
vida o acabarás con la nuestra.
Otros cuatro días que se pierden en la nada. Los pensamientos son mi compañía,
los sueños me llevan a su lado, estoy mal psicológicamente... Aun así, me armo
de valor y atiendo la llamada de Roxanne:
—Gis, ¿qué demonios está pasando? Mi hermano quiere destrozar la casa del
Refugio y no deja de gritar que ya no lo amas, que te has olvidado de él. ¿Es cierto?
Habla, no calles más. ¡Estamos fatal al verlo en este estado! Ya ni tu hermano
puede consolarlo...
—No cambia. No lo hace... No puedo más... Roxanne...
—¡No Gis, no! —me corta sobresaltada y tajante—. Sabes que te apoyé en
tu decisión. Sabes que te he entendido, pero ya basta. ¡Eres su mujer y no sabe
dónde estás! Si no vuelves pronto, puedes olvidarte de mí. Le estás haciendo demasiado
daño y no te lo pienso consentir. Mi hermano está devastado, no prueba bocado.
¿Por qué? ¡¿Por qué?!
Lo de que quiere destrozar la casa me desgarra el alma. Quiere romper la
promesa y esta vez es mi culpa, ¿o yo lo he llevado siempre al extremo? No sé,
vuelvo a no saber nada... Quizá mi falta de valor, o ver el daño que estamos causando
a nuestro alrededor, me hace tomar la decisión que no he sido capaz de tomar
hasta ahora. Volver es someternos a más tortura, a nosotros y a la gente que nos
quiere... Soy inmadura para lo que él necesita y no soporto más esta relación tóxica
y destructiva. Mi flaqueza habla por mí:
—Dile que no voy a volver —sollozo desgarrada. Roxanne grita—. Dile que
17 
La chica de servicio, 3. Y ríndete 
lo siento, que no estoy preparada para darle lo que me pide. Que sé que no cambia.
Que quizá sea mi culpa, ya no lo sé... Haré que se vuelva loco sin querer hacerlo...
Creo que esto es lo mejor para los dos...
—¡Maldita seas! ¡Lo mejor para ti! ¡Se está recuperando! —Niego y niego
llorando, asustada por mi decisión—. ¡Te adora como jamás ha hecho con nadie!
¡Eres su vida! La vas a pagar Gisele... juro que te arrepentirás de esto y entonces
te darás cuenta de que lo has perdido para siempre.
Me encierro en el baño y hoy soy yo quien destroza lo que tengo a mi alcance.
Lo tiro y lo lanzo todo, el agobio y la presión me están matando. Poco después, mis
padres aparecen y me hacen regresar a la habitación. Me sujetan, me calman mientras
yo pataleo y lucho contra mí misma. Confusa... Cuando ya no tengo fuerzas
para debatirme, suena el teléfono y, con dolor, escucho lo que Roxanne ha preparado
para mí:
—Matt... no va a volver. ¡Lo he intentado, lo siento!
—¡No puedo vivir sin ella! —grita él desgarrado—. Que vuelva, por favor,
me asfixio, me muero sin mi mujer. ¡La necesito!
—Matt, tranquilo... —escucho a Karen, rota—. Tienes que pensar que es
duro, pero por ahora no volverá.
—¡No! ¡Me niego! La amo... La amo. No puedo estar así... Si no vuelve voy
a enloquecer. No, por favor. Quiero localizarla, tenemos que vernos. ¡La amo! Me
estoy volviendo loco.
Voces, gritos, llantos.
—Hijo, piensa en nosotros, nos duele verte así. —¿William?—. No va a
regresar, tienes que pasar página y olvidar por ahora... Esto no es vida.
—Papá —llora Matt como un niño pequeño—, estoy cambiando, he golpeado
la pared, pero sabes por qué, no puedo evitarlo... La anhelo, aunque a veces siento
que la odio por hacerme esto.
Gimoteo y me lamento, sobre todo al escuchar a Karen:
—No, Matt, no la odies. Piensa que ella tal vez lo ha necesitado así. No podemos
crucificarla, aunque me duela verte en este estado. Es muy joven, ha pasado
por mucho en poco tiempo. Se ha asustado, cielo... Ha perdido la confianza.
—Abrázame como hacías antes, dame lo que ella me niega.
Oigo voces y casi me desvanezco... La voz de Karen es un susurro en la lejanía:
—Tienes que levantarte. Piensa en cuando te abandonó Elizabeth... no lo
 18
Patricia Geller 
superaste del todo y con el tiempo te has arrepentido de ello, no cometas el mismo
error. Las cosas suceden por algo. Si lo vuestro tiene que ser... será. Mientras, vive,
disfruta. El destino dirá qué será de vuestro matrimonio, de vosotros.
Mi padre me quita el teléfono y yo me tapo los oídos. Cada frase ha calado en
mí y las súplicas de él me parten en dos. ¡Matt!
—¿¡Por qué, mamá!? —grito, sin reconocer mi voz—. ¡Lo quiero! ¿¡Estoy
haciendo lo correcto!? ¡Tengo miedo!
—Gisele... tiempo, por favor —implora a mis pies—. El tiempo es la cura
para vuestras heridas. Mira la familia, no quiero responsabilizaros, pero nos estáis
destrozando.
—Es mi vida... —Se me va la voz.
—No puedes ayudarlo si tú no estás bien y mírate —señala con dolor—,
mira cómo estás.
—¡Quiero ayudarlo!
—No puedes más. —Veo borroso, oscuro—. ¿¡Gisele!?
Un ataque de ansiedad marca el límite. Las lágrimas de Michael me fuerzan
a recapacitar.
—Estás muy tocada, cariño. Si no haces un esfuerzo, vas a volverte loca... Y
él va a caer contigo. Sois jóvenes, daos tiempo.
No sé de dónde saco la fortaleza, pero lo hago. Egoístamente, entierro su recuerdo
de día y por las noches nos evaporamos juntos. Cambio de teléfono, porque él
no deja de llamarme, de enviarme mensajes en los que suplica que vuelva y yo no soy
capaz. Pierdo todo tipo de contacto con los Campbell, me centro en mí, en encontrar
cierta paz.
Dos semanas después de la llamada, a mediados de marzo, mis padres me dan
la noticia: Noa ha tenido un precioso niño. A través de ellos la felicito y le pido
perdón, no puedo volver a Málaga.
Llamo a Thomas, a Emma y los recupero... También a Luis. Mi vida es un
caos y alquilo una casa en Manhattan. Les pido a mis padres que me dejen sola y
regresan a Lugo tras hacerme prometerles que llamaré todos los días. No hablo con
Scott... no puedo hacerlo al saber que pasa los días al lado del hombre al que he
abandonado.
Me siento confusa, colapsada por la distancia con Matt. Mis visitas al psicólogo
son frecuentes, hasta que a mediados de abril digo basta. Me siento mejor, recu-
19 
La chica de servicio, 3. Y ríndete 
perada de mis temores y miedos. Y entonces todo se esclarece ante mí, la niebla se
disipa y chillo de impotencia.
Hace tres meses tomé el peor camino al irme de casa, apartándome de él... De
mi esposo, que me dio tanto amor, amándome de una forma siempre desesperada,
loca. ¿Por qué nos pasó eso? ¿Por qué hui? Los miedos, el daño a nuestras familias
o las promesas rotas no son excusas para acabar con un matrimonio de la noche a
la mañana, a través de un frío teléfono. Me odio y, tras horas meditando, decido que
tengo que llamarlo.
—Matt Campbell, ¿quién habla?
Su voz tan cálida, tan apagada... Reprimo un sollozo al volverlo a escuchar
tras un mes y medio. Mi Matt, ¿qué hice? ¡¿Qué hice?! Con un nudo en la garganta
a causa de las lágrimas que me embargan por el arrepentimiento, por la emoción
de oírlo, digo:
—Soy yo... Gisele.
Y un silencio doloroso se interpone entre él y yo. Yo lloro, confusa y asustada.
—No sé qué me quieres decir a estas alturas, sólo quiero que sepas que no
quiero saber nada de ti. Esto se acabó porque tú así lo decidiste.
Me duelen sus palabras, aunque por supuesto me las merezco por haberlo
abandonado. A pesar de todo, quiero y necesito intentarlo. ¿Cómo pude dejarme
arrastrar por los miedos y la decepción? ¡¿Cómo?!
—Quiero volver... —susurro llorosa—, te echo de menos... Me duele, Matt...
lo siento.
Una maldición como respuesta. Luego un frío silencio nuevamente, hasta que
sentencia con voz dura e indiferente:
—No a mi casa, no a mi vida. Hasta hace dos semanas he estado encerrado,
llorando tu marcha, ahora ya es tarde. No dejaré que me vuelvas a hacer daño.
Puedes olvidarme definitivamente, esta vez con mi consentimiento.
—¡Matt! ¡Matt!
Corta la llamada e, inquieta, lo llamo de nuevo. No me importa si no cumple sus
promesas, si se pierde y vuelve al cabo de los días. Estoy dispuesta a todo por él, no me
importa si he de recomponer a diario nuestra habitación, no hay más daño o dolor que
perderlo. Nada puede compararse al vacío que hay en mi pecho por su ausencia.
—¡Maldita, seas, Gisele...! No me vuelvas a llamar y si apareces en mi casa
o en mi vida, me iré yo y mi familia me perderá, ¿¡entendido!?
 20
Patricia Geller 
Voy a responder y, al levantar el brazo de golpe, veo que se me ha caído la
pulsera con su nombre grabado, rota... como lo nuestro.
—Está bien... Te quiero, Matt.
—¡Gisele!
—¿Sí? —pregunto, con el corazón desbocado, esperando que me pida que regrese—.
¿¡Qué, Matt!?
¿Un sollozo?
—Te odio como no creía que pudiera hacerlo, no te puedes imaginar el
daño que me has hecho. El hombre que has despertado en mí. He creído perder
la cabeza, ¿sabes? He pasado algún que otro día en el hospital. He viajado
buscándote, porque tus padres decían que no sabían dónde estabas... He rastreado
Lugo, Málaga y Madrid durante las dos siguientes semanas a tu sentencia.
Dejé la medicación y he tenido que volver a empezar. —Creo que llora, yo
lo hago con él—. No quiero verte. Te habría esperado, no importaba cuánto
tiempo... Pero desapareciste sin más mientras yo me moría por ti y no te lo
perdono. Te he amado igual que quise a mi madre... que me dejó y me destrozó.
Tú reabriste la herida al romper la promesa de no actuar como ella y el dolor
ya no es soportable.
—Escúchame... ¡te amo!
—No puedo, Gisele.
No hay palabras, no hay nada que pueda decir. Matt tiene razón, yo estaba
tan mal como él, nos podríamos haber apoyado, lejos o cerca, nada hubiera importado.
Hoy sé que lo he perdido, que no hay salida. Si regreso, le hago daño, y con él
a su familia, y no puedo. Me siento sola... he perdido tanto... No me atrevo a llamar
a Karen, ni a Willam. Sí a otro, a mi mitad.
—Scott...
—¿Gisele?
—Sí...
—¿Qué has hecho, Gisele? —pregunta decepcionado—. ¿Cómo pudiste hacernos
esto?
—No fue fácil y tú me estabas mintiendo, yo confiaba en ti...
—¿De qué hablas?
—Yo... yo no estaba bien... Él seguía golpeando las cosas —le reprocho dolida—,
¡ y me lo ocultabais!
21 
La chica de servicio, 3. Y ríndete 
—Para no hacerte daño y no hacérselo a él. No era como siempre. Matt ni
siquiera lo sabía —añade ausente—. ¿Sabes?, se despertaba atontado por las
pastillas e, inconscientemente, golpeaba la pared al buscarte y no encontrarte. Cuando
se despertaba por la mañana y lo veía, se culpaba... Gisele, estoy aquí para ti,
pero con él, te has confundido.
¿¡Qué!? ¡No me pude equivocar tanto!
—Scott, ¡no es verdad, me mentía!
—Si quieres creerlo así para disculpar tu marcha, adelante. Pero no es
verdad, él estaba mejorando y haciendo esfuerzos increíbles. Cuando decidiste no
regresar, se volvió loco al no localizarte. Yo sabía que nuestros padres conocían tu
paradero, pero no quise intervenir ni preguntar para no obligarte a nada. —Se
calla, está tan triste...—. He vivido en una constante lucha con él... Se negó a
vivir, Gisele.
—Scott —sollozo—, quiero volver y Matt ha dicho...
—Quizá para ti un mes y medio desde aquella llamada sea poco para que él
se sienta tan dolido, pero créeme, no lo es. Lo que le ha hecho daño es el hecho del
abandono, cuando tú sabes qué sentía respecto a ese temor. —Lo sé, como también
sé que es demasiado tiempo. Matt se asustaba por un retraso mío de horas... y han
sido semanas—. Tras más de catorce días enloqueciendo y otro medio mes digiriéndolo,
lleva dos semanas resignado... No vengas o, por tu error, se irá él.
Otro duro golpe que no asimilo, que taladra mi corazón. Perdí la confianza en
Matt y él no era culpable. Estoy tan destrozada que no siento nada... La soledad
en Manhattan ya no es soportable, prefiero ir a pasear por Central Park, donde me
encuentro con Diego, que tampoco ha podido localizarme...
Me entrego al trabajo que me ofrece, cada día escalo más en la profesión, pero
no lo disfruto. Me he vuelto fría, seca. Regreso a Lugo para desconectar y con mis
padres todo es diferente. Insisten con Álvaro, con el que cruzo un par de palabras.
Nada es igual tampoco con Scott ni Noa en las llamadas telefónicas. Soy otra, una
mujer que ha perdido su alegría al perder el amor.
Seis meses interminables... Y la petición de Noa de que vaya para el bautismo
de su bebé me pone contra las cuerdas. No me decido, me niego a volver a Málaga.
Hasta las duras palabras de Scott:
—Enmienda el error de no haber acudido cuando nació el pequeño Jazz, de
haberte perdido sus primeros cuatro meses de vida. Puedo conseguirte un trabajo,
 22
Patricia Geller 
casa... Ahora puedes venir. Matt no te va a molestar y, si lo quieres, te pido que tú
tampoco a él.
—Scott...
—Piénsalo, nadie te reclamará y Noa te ha necesitado mucho... como yo.
—Lo siento —digo afectada—. Espérame.
He seguido adelante en estos duros meses, he empezado otra etapa.
He conocido a gente nueva y he perdido a otra. Pero Matt ha estado
siempre conmigo, anclado en mi corazón y en mi cuerpo.
No podría soportar otras manos tocándome, en realidad nadie lo ha
hecho. Su tacto está incrustado en mi piel, su olor en mis sentidos. Fue
el primero que me enseñó y mostró la pasión, el amor... y el último.
—Y mañana... —suspiro, mirando su foto, en la que me rodea
posesivamente por la cintura y nos miramos con intensidad—, te volveré
a ver.

Comentarios